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martes, 6 de febrero de 2007

Crítica: "Noche en el museo"

Si alguien espera un alimento más sólido o comprometido, ésta tampoco es su película. Es una comedia estadounidense, con muchísimos efectos visuales, protagonidada por Ben Stiller, y dirigida al público familiar. Sin más sorpresas que las de verificar cual es el nivel de los efectos especiales, si Ben Stiller acompañado por su inseparable Owen Wilson, sufre el mal del cómico con muecas “cargantes” o ver si nos logra arrancar, al menos, alguna sonrisa.
Intenta dar lo que ofrece, en generosas dosis y quizás con la mirada demasiado puesta en el público infantil. Pero contiene el aliciente añadido de toparnos con un particularísmo trío de pillos formado nada menos que por Dick Van Dyke (“Mary Poppins”), con ¡80 años! a sus espaldas, y hecho un chaval, incluso marcándose unos pases de baile; Billy Cobbs (secundario de lujo en títulos como “Cotton club” o “El color del dinero”), de 70 años, y el pequeño gran Mickey Rooney, nada menos que ¡85 años!, y hecho un gruñón de lo más simpático.
No son los únicos actores “resucitados” para la ocasión. También tenemos a un Robin Williams (superados sus problemas con el alcohol), en plan colega entrañable, que encarna, y nunca mejor dicho, a la figura de Theodore Roosevelt.

Aventuras en el gran museo.
El invento permite desfilar ante nuestros ojos toda clase de personajes históricos, incluído un Cristóbal Colón que habla en genovés, faraones y ordas de bárbaros, romanos, vaqueros, mayas y hombres de Neanderthal. Y de otras especies animales de lo más simpáticas o peligrosas, desde un gamberro mono capuccino, hasta tiranosauros-rex, leones, mamuts o reptiles.
Tal es la fauna que puebla el inmenso Museo de Historia Natural de Nueva York, con lo que se permite poner en marcha esa premisa, o sensación, que pasar allí una noche debe de ser inquietante, sobre todo si alguno de los objetos empieza a cobrar vida.
La puesta en escena de Shawn Levy (“La pantera rosa”) es tan funcional como efectiva intentando que tanto el guión como la estrella de Ben Stiller reluzcan sin chirriar y que la acumulación de tantos efectos no llegue a cansar, demasiado.
Cumple medianamente con sus objetivos, sonrisas incluídas, e incluso nos deja un sabor, pero no la misma grandeza, a títulos de aventuras y de fantasía similares a los que se hacian en la década de los 80. No en vano Chris Columbus, guionista de “Gremlins”, “El secreto de la pirámide” o “Los goonies”, y director de “Aventuras en la gran ciudad” o “Solo en casa” (1991), se halla tras la producción.
Por lo demás tomen a Ben Stiller convertido en un padre de familia, y hombre, fracasado, sin trabajo estable, divorciado y con un niño que anhela poder admirar a su padre. Y que, al igual que Federico Luppi, acabará encontrando su “lugar en el mundo”, de la manera más increíble y de paso, para que todo sea redondo, también a una guía del museo de muy buen ver (Carla Gugino).

Valoración: ( ** )

(*****) Obra Maestra – (****) Muy buena – (***) Buena – (**) Se puede ver – (*) Floja - (●) Usted mism@


sábado, 3 de febrero de 2007

Crítica: "El libro negro"

Después de más de 6 años vuelve Paul Verhoeven, y supone también el regreso del holandés a Europa. De paso echa por tierra algunos tópicos que solemos aplicar al cine hecho en Hollywood, el que se limita a seguir unas pautas, sólo busca vender o limita la capacidad creativa del autor.
Porque podría despachar esta crítica diciendo que “El libro negro” es un drama de intriga, sexo, amores, lealtades y traiciones con el nazismo y la resistencia como telón de fondo, y tan eficaz como simple. Y anque hay elementos propios del cineasta, éstos son mucho menos abundantes, arriesgados, atrevidos, provocadores e inconformistas de los que cabría esperar.
Cualquiera de sus trabajos en los EUA contiene más interés, a excepción de la decepcionante “El hombre sin sombra”, que esta obra narrada con una pulcritud y belleza formal tan notable como anodina. Sus virtudes se limitan a cumplir como entretenimiento, a descubrirnos una buena actriz, Carice van Houten, y a un par o tres de escenas e ideas destacables, sin las cuales, sería una película tan plana como el concepto de globo terráqueo que tenían nuestros antepasados.

¡Supervivientes!

Paul Verhoeven ha vuelto para gustar, y para no desentonar demasiado con una historia de espionaje y pasiones que contempla, muy de lejos, a Hitchcock en su horizonte.
Está la secuencia de la protagonista, una suerte de mata-hari infiltrada en el cuartel general de la Gestapo en la invadida Holanda, tiñiéndose el vello de sus partes más íntimas de rubio para elevar sus encantos como devoradora de hombres; el hecho de presentar a nazis buenos, porque no todos estaban a favor de los horrores de Hitler; o la polémica de incluir las humillaciones que la población infringió a los colaboracionistas, hartos de tanto tiempo de invasión y miedos, una vez terminada la contienda.
Pero su arquetipo es el del bonito papel couché, donde incluso un tonel de heces humanas está tan embellecido que parece delicioso chocolate.
Por desgracia, también queda esa idea que las guerras nunca terminarán, en una espiral de violencia e intolerancia infinita. Y la necesidad de supervivencia, entendiéndose con ello la capacidad de adaptarse a las circunstancias pero al mismo tiempo siendo fiel a uno mismo. Sea de una manera más comprometida, como Rachel, la protagonista, o más frívola, como su amiga, Ronnie (Halina Rejin).
Pero no es el mejor Verhoeven, es un Verhoeven domesticado, contento por volver a casa y, como un novato, aplicándose para agradar con un telefilm de lujo, no por su puesta en escena, incluso clásica en su concepción cinematográfica, sinó por la simplicidad de la propuesta y personajes.

Valoración: ( ** )

(*****) Obra Maestra – (****) Muy buena – (***) Buena – (**) Se puede ver – (*) Floja - (●) Usted mism@

miércoles, 31 de enero de 2007

Crítica: "Dreamgirls"

Junto con el western en estado puro, el otro género cinematográfico que no goza en absoluto del favor del público actual, sobre todo no estadounidense, es el musical. Si no es amante del musical las probabilidades que le guste “Dreamgirls” se reducen a lo ínfimo.
Y de paso tiene todas las posibilidades de perderse una de las mejores adaptaciones de un musical de Broadway al cine, en este caso, inspirado en la trayectoria de las Supremes. También presenta otro escollo, el bajón de interés notable a partir casi de empezar el metraje, hacia el minuto 20, dispersándose en cuanto a personajes y situaciones. Pero, por arte de magia, y contra todo pronóstico, logra remontar espectacularmente antes de la hora de proyección.
Y ello gracias al talento de una coreografía, decorados, vestuario y poses tan estudiadas, vistosas e imaginativas como puestas al servicio de la historia. Y también, sin lo que “Dreamgirls” no sería nada, gracias al talento en la puesta en escena de Bill Condon y de las interpretaciones, especialmente Jennifer Hudson, nueva estrella procedente de American idol, el O.T. a la americana, y que protagoniza un número, el de la separación con el resto del grupo, que la deja sóla exhibiendo sus artes.

Elegancia y pasión.

Lo que se trata es escenificar la pasión por la música, incluso despreciando, o pasando de puntillas con leves pinceladas, con lo que era el tumultuoso contexto histórico de la época: Martin Luther King, disturbios raciales, Vietnam, protestas juveniles… ¡Nada!, el argumento y los personajes van a lo suyo.

Productores musicales implacables, posesivos e inhumanos, encarnados en Curtis Taylor (Jamie Foxx), que nos hacen ver la frialdad y falta de escrúpulos hacia las personas, no hacia el dinero, de los avispados del mundillo discográfico.
O el contraste entre el verdadero talento, encarnado por Effie (Jennifer Hudson), ensombrecido ante la imagen bonita que puede vender, la de Deena Jones (una apagada Beyoncé Knowles).
Si incluso Eddie Murphie está sobrio y comedido en su interpretación (no por ello merece el Óscar), poniendo toda la carne, y voz, en el asador. A destacar la mirada de entre determinación y desamparo, cuando procede a inyectarse coca ante sus amigos, que resume todo lo que hay de frágil en su personaje. (Atención: spoiler!) Más adelante, dejado de la mano de su protector musical, Curtis Taylor, se le dedicará un fundido en negro que es premonición de una bajada del telón fulminante. (Fin del spoiler)
Lo peor, un montaje deslabazado, que salta, o danza, de un personaje y hecho a otro, que hace transcurrir los años sin que nos inmutemos. Pero un musical puro y duro (la secuencia del “robo” de la canción es antológica), realizado con exquisitez y pasión, y a saborear con los mismos requisitos. Douglas Sirk estaría orgulloso.

Valoración: ( **** )

(*****) Obra Maestra – (****) Muy buena – (***) Buena – (**) Se puede ver – (*) Floja - (●) Usted mism@

lunes, 29 de enero de 2007

Rocky gana por K.O. !


Mientras este blog se iba actualizando convenientemente con otras críticas y noticias, algo ha ido sucediendo, poco a poco, día a día, y es que Stallone ha vuelto a la gran pantalla más a lo grande de lo que se podría imaginar.
Su público, y otro que ni siquiera era fan de la saga, con muchísimo atino y honradez, no sólo no ha hecho caso de mi floja valoración de "Rocky Balboa" sinó que le dedican con sus comentarios un sentido homenaje al contenido, lleno de honradez y humanidad del personaje.
El "potro italiano" no es que haya vencido por puntos, lo ha hecho por K.O. (incluso a mi crítica), ganándoselo con cariño y dejando un sabor de boca extraordinario con su último asalto al ring.

Lo que podrán leer a continuación no sólo se merece todo el respeto del mundo sinó que Rocky ha dado una muestra de "fair play" y de la necesidad de una segunda reflexión por todos aquellos (yo incluído) que vimos en este "Rocky VI" un film mediocre.

Les dejo con un extracto de los comentarios, pero para poder leer la crítica, y las opiniones completas, pueden pulsar aquí.

The thing: "...lo que son los últimos dos-tres minutos de película... de lo más elegante que se puede uno imaginar para algo del estilo."
The dude: "Si vas de crítico y quieres hacer ver que tu opinión tiene peso, está bien fundada y tienes nociones de cine, lo más fácil es criticar negativamente la película".
Yanclor:
"TODO el cine, hasta el más realista de los documentales es ficción, son imitaciones de la vida maquilladas para ser atractivas, y por eso creo que ROCKY se merece un respeto, se lo ha ganado."

Nacho M. G.:
"tras salir de la sala que proyectaba "Rocky Balboa" ayer por la noche, y teniendo muy claro que no se trataba -ni mucho menos- de un peliculón, permanecía en mi cabeza la sensación de euforia que aun no termino de entender"

Cristian Hayes:
"...y hasta ahora, sigo con la película en la cabeza... la veo, re veo... y me encanta."

Carlos S.:
"demósle merito a eso y al placer que causo a algunos como yo el tener el placer la alegria de poder ver una nueva version de esta entretenida saga". ( ... )

sábado, 27 de enero de 2007

Crítica: "13 Tzameti"

Su número es el 13 pero, de números, los tiene todos para en erigirse en una película de culto, si es que ya no lo es. “Tzameti” es este mismo número en georgiano; un homenaje del director, el debutante Géla Babluani, a su tierra en esta co-producción con Francia, y que se paseará con este título por todo el mundo, con parada en Hollywood, donde los estadounidenses ya están pensando en crear su particular ‘remake’.

“13 Tzameti” es como un Quentin Tarantino a lo pobre, o como un Roman Polanski rememorando sus inicios para submergirse en lo más retorcido de la mente.
Si su presentación es un tanto morosa y decepcionante, a cambio el nudo de la trama nos arrastra hacia la angustía total. Una sensación incrementada con la fotografía en blanco y negro y casi treinta minutos de metraje que colocan no sólo a su aterrorizado protagonista (Georges Babluani), un joven obrero de 22 años, empapado de sudor y en el punto de mira de una macabra apuesta, sinó al mismo espectador como si tuviera una arma cargada apuntándole en la sien.

Un mundo implacable.

Que conseguir dinero fácil conlleva enormes riesgos es tan cierto como que hay gentuza con lo límites de la moral trastocados en busca de sensaciones fuertes. Las ansias de unos y las precariedades de otros convierten las vidas humanas en meras fichas o peones, sea en “13 Tzameti” o en cualquier guerra.
Puede que se recree demasiado en su inicio con todo tipo de personajes que aparecen y desaparecen, con miradas acechantes, y juegos de persecuciones y despistes. También que la música tenga un tono ‘amateur’, casi más apropiado para un cortometraje, reforzando la idea que su propuesta es algo estirada.
Pero ante la escasez de medios, y la abundancia de, una parte, de los resultados, este juego de horror, por lo siniestro y las debilidades de la naturaleza humana, bien merece su distinción por su retrato de un (sub) mundo frío e impacable, plagado de negocios sucios, por desgracia, demasiadado parejos con la realidad.
Y de paso que sirva para que Eli Roth, y su “Hostel”, tome buena nota, o para que el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo mantenga “intacta” su capacidad para crear más cine.

Valoración: ( *** )

(*****) Obra Maestra – (****) Muy buena – (***) Buena – (**) Se puede ver – (*) Floja - (●) Usted mism@

jueves, 25 de enero de 2007

Crítica: "Más extraño que la ficción"

Una tragedia siempre da empaque y profundidad a una obra. Y si no que se lo pregunten a Shakespeare, a los clásicos griegos o a Harold Crick, este tercero un individuo para nada reconocido ni popular, más bien un solitario y anodino inspector de hacienda, un burócrata entregado a miles de rituales diarios que se repiten constantemente en su existencia gris.
Y de hecho, nunca le conocerán si no ven “Más extraño que la ficción”. Pero lo que importa aquí es destacar que Harold Crick (un ajustado Will Ferrell) también suscribiría esta opinión a píes juntillas, aunque ello le suposiera poner fin a su propia vida.
La segunda apreciación es que al guionista Charlie Kaufman, y a sus comedias filosóficas, aficionadas al metalenguaje, originales y reflexivas del tipo “Olvídate de mí”, “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” o “Como ser John Malkovich”, le ha salido un imitador, Zach Helm, quien por cierto no lo hace nada mal con “Más extraño que la ficción”.
Su disparatado argumento, convenientemente aliñado con notables dosis de romanticismo, empieza por elevar a la máxima potencia la idea del escritor, o artista, como creador y demiurgo. Una suerte de Dios que puede jugar, alegremente o no, con el destino de sus criaturas.

Como salvar la vida.

En este caso una depresiva escritora, Karen Eiffel (Emma Thompson), con crisis de inspiración y una musa, Penny Escher (Queen Latifah), impuesta, por decreto de su editorial. Y Karen, sea por el azar o por una inexplicable intervención divina-creadora, dará un vuelco a su existencia, junto a su personaje, menos ficticio de lo que desearía. Probada la certeza inexorable de la muerte, verán que la vida también puede tener otro lado más luminoso.

Tal vez ello no sea del agrado de otro ilustre colega, el profesor, literato y psiquiatra Jules Hilbert (Dustin Hoffman), pero por lo menos la pasional y rebelde propietaria de un humilde restaurante, Ana Pascal (Maggie Gyllenhaal), seguro que agradecería que no toda obra maestra esté fatalmente marcada por lo fúnebre.
En fin, que ni siquiera deben preocuparse por tratar de descifrar esta crítica, pero si desean ver una película original y distinta, además de notable y de ser la mejor película de Marc Forster (“Monster's ball”, “Descubriendo Nunca Jamás” o “Tránsito”), no la dejaría escapar.
Nos habla de obras y personajes, de realidad y destino, de lo sublime y lo terrenal, incluso de relojes de pulsera y de guitarras eléctricas, y por mucho que la sombra negra de la Muerte planee sobre sus encuadres, también nos vislumbra aquelllo que nos puede salvar la vida, sea en forma de “matices, anomalías y sugerencias” o de una película como ésta a descubrir.

Valoración: ( *** )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )

martes, 23 de enero de 2007

Crítica: "Apocalypto"

Aún me estoy sacudiendo los hierbajos, limpiándome el barro, quitándome alguna que otra salpicadura de sangre y, sobre todo, el olor a carne (humana) en descomposición.
He visto “Apocalypto” y es que Mel Gibson es así de bestia. Además creo que este tipo acaba de inventar un nuevo (sub) género, el gore-histórico.
Con “Braveheart” ya advirtió en su momento que las escenas de batalla contendrían planos durillos, y es que en esa época eran muy brutos; y en “La pasión de Cristo” dio definitivamente rienda suelta a su lado más desatado. ¡Tanto Mad Max se le ha metido en la cabeza!
Y ha creado un (sub) género nuevo con un par de co….! Primero haciendo que sus personajes hablen en algun dialecto antiguo tipo maya (que te mete de lleno en el tiempo y lugar); y luego mostrando la violencia, sin recrearse en ella, en su forma más primitiva y real, que nos recuerda que los humanos somos así de animales, y que nuestros antepasados, sea aquí, en Escocia o la América precolombina, lo eran aún más porque sus armas eran tal vez menos sofisticadas.
Y ello sin contar que con un presupuesto de unos 50 millones de dólares recrea todo un mundo de a finales del siglo XV, cuando otros directores, por ejemplo, Nancy Meyers, necesitan el doble sólo para amueblar las confortables casas de sus dos protagonistas en “Vacaciones”.

Cabezas rodando.
El resultado haría las delicias de Truffaut en “El buen salvaje” (1969), y de Terrence Malick, por su visión idílica de la comunidad primitiva, ingenua, pura y en perfecta harmonía con la naturaleza; y todo este mundo utópico arrasado por guerras en nombre del progreso y la civilización.
También lograría poner de acuerdo incluso a los mismísimos Stallone y Schwarzenegger, porque tanto al Dutch de “Depredador” (1987) como al Johnny Rambo de “Acorralado” (1982) les saltaría una lagrimilla de emoción al ver a este intrépido “Garra de jaguar” tan convincentemente interpretado por Rudy Youngblood.
Y es de esperar que entusiasme igualmente a los seguidores de la aventura y la acción, y del buen cine, porque “Apocalypto” es una estupenda película que engancha de principio a fin. Rodada de manera admirable, apoyándose sobre todo en la imagen y sacando partido de la plasticidad incluso con el color de las pinturas que cubren los cuerpos de los esclavos: blancos para el trabajo, azules para el sacrificio.
No les voy a desvelar nada, ni siquiera el tipo de grapas que se gastan los aborígenes para coser las heridas. Mejor lo descubran por ustedes mismos, pero sí les dejo con ese sabor a carne (humana) en descomposición que tan bien se corresponde con la visión de un imperio en decadencia, el instinto de supervivencia y también con la esperanza como una ilusión que jamás puede ser derrotada.
Será un bocazas y un alcohólico, pero por muchas cabezas que rueden, que no sea la suya. ¡Cómo filma este tío!

Valoración: (****)

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )


sábado, 20 de enero de 2007

Crítica: "María Antonieta"


Alargada es la sombra de “El Padrino”, o de su padre, Francis Ford Coppola; que ha inoculado en Sofia la pasión por el arte audiovisual, a la vez que le ha generado cantidad de detractores y admiradores.
“Lost in Versalles”, Sofia Coppola nos transporta a la Francia pre y revolucionaria para mostrarnos otra pasión, la de una niña de 14 años obligada a dejar atrás todos los objetos de su Austria natal para erigirse en esposa de Luis XVI y futura reina de la nación gala.
“Si no tienen pan, que coman pasteles”, rezaba una frase popular de la época, forjada por un pueblo hambriento (que también la denominó Madame Guillotine) y que atribuía estas palabras a los labios de una reina a quien consideraban frívola, malgastadora, nimfómana y ruin. Por ello, la Coppola dirige su mirada humana, teñida de ingenuidad, a un mito histórico tratado con poco mimo por la Historia, y cerrando, de paso, una especie de trilogía sobre muchachas que se convierten en mujeres.
Y con los ojos puestos en “Barry Lyndon”, una de sus películas preferidas, también amplia su trayectoría curtida en videoclips con la rompedora idea de incluir canciones actuales, de The Strokes, New Order o Siouxie & Banshees entre tanta encorsetada y pasada de moda melodía de la corte del Rey Luis XV y Luis XVI.

Sensibilidad Sofia.
La lástima es que profundidad, modernez y pasión, en manos de Sofia, se limiten a un fastuoso catálogo de vestidos y zapatillas del siglo XVIII, de fiestas y dulces. A contemplar una Kirsten Dunst paseándose por Versalles más perdida que Scarlett Johansson en Tokio, y a dotar, o más bien, quitar del guión y personajes la más minima relevancia, cubriendo el vacío por un esteticismo de postal.
“Lost in Versalles”, digo, “María Antonieta”, es una propuesta ociosa que no entretiene, un ejercicio de memoria histórica escasamente memorable y una visión de unos seres humanos relegados a meras comparsas por su escasa entidad física o psicológica.
Pero confirma el principal talento de Sofia Coppola: que es una directora de detalles, atenta a miradas y gestos. En “Lost in Versalles”, la mayoría son banales, pero alguno hay de excelente como la ocurrencia de María Antonieta de aplaudir sin haber terminado una ópera, saltándose así una vida llena de engorrosos protocolos y ceremonias (y que le valdrá la primera mirada de admiración y ¿lujuría? de su impotente marido).
O el gesto desde el versallesco balcón real al hacer una reverencia a su revolucionado pueblo, signo de la madurez de un personaje que, a sus 30 años, acaba de darse de bruces con la realidad.

La virtud de Sofia es la sensibilidad, pero si su intención era hacernos ver que María Antonieta no era tan superficial, ¡menudo batacazo!.

Valoración: (●)

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra (***** )

TAMBIÉN PUEDE VER:

Las reales zapatillas en cinempatía

Trailer en the trailer web

jueves, 18 de enero de 2007

Clásicos: "El séptimo sello" (1956)















Una imagen tan sugerente como siniestra, la de un caballero medieval jugando al ajedrez con la mismísima Muerte. Hoy me pongo trascendente con “El séptimo sello”, que primero fue un guión radiofónico y luego una obra de teatro. Una película que posee secuencias fascinantes además de un personalísimo catálogo de los temores y angustías que afectaban a Ingmar Bergman.
El caballero Antonius Bloch (Max Von Sydow), después de una agotadora y desilusionadora campaña en las cruzadas regresa a su tierra natal en compañía de su escudero Jöns (Gunnar Björnstrand). El país está sacudido por la peste negra, muerte y misería les rodean.
Monjes renegados reconvertidos en ruines ladronzuelos, hombres y mujeres que se flagelan con desesperación, clérigos que claman y profetizan el fin del mundo, muchachas acusadas de brujería y cadáveres que se amontonan en medio de cualquier camino, hogar o pueblo.
Intolerancias y miedos hacen que la gente intente refugiarse o hallar consuelo en la religión. Es un tiempo propicio para fanatismos, pero este retablo medieval también es útil para interrogarse sobre el sentido de creer, la absurdidad de la violencia o la intransigencia que parece cohabitar de manera innata en el interior de las personas.

Silencio y vida.
Hombres, mujeres, dudas, penas y alegrías unidas a las fuerzas telúricas: el fuego (purificador), el viento (mensajero de malos presagios), las rocas (presencias frías y rígidas), el bosque (peligros y enigmas escondidos), el mar (la vida y la salvación). Todo conforma la especial textura de una película inolvidable y en comunión lo material con lo espiritual, entre humanos y naturaleza, entre preguntas profundas y revelaciones súbitas.
La presencia de la muerte es una certeza palpable. En cambio, y en una de las preguntas que más atormentaron a Bergman, Dios no se manifiesta, sólo hay silencio como respuesta, el “silencio de Dios”.
Y Antonius Bloch iniciará una búsqueda de la Fe, a la vez que una fatídica partida con la Muerte sólo para obtener un resultado concreto, ganar tiempo para que el cómico Jof (Nils Poppe), titiritero, acróbata y bufón, logre aquello que el resto no pueden, escapar junto a su esposa e hijo del bosque y, simbólicamente, de una muerte segura.
Una familia que representa la existencia apacible y feliz del ser humano, donde hay lugar tanto para la diversión, como para la poesía y lo trascendental. Ahí es nada. Bergman en estado puro.

Valoración: ( ***** )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )

T.O.: Det sjunde inseglet. Suecia, 1956. Dirección y guión: Ingmar Bergman. Fotografía: Gunnar Fischer, Ake Nilson. Música: Erik Nordgren. Intérpretes: Max Von Sydow (caballero Antonius Bloch); Gunnar Björnstrand (escudero Jöns); Nils Poppe (Jof); Bibi Andersson (Mia); Bengt Ekerot (La Muerte); Gunnerl Lindblom (la muda).

lunes, 15 de enero de 2007

Crítica: "La caja Kovak"














Alfred Hitchcock adentrándose en “La dimensión desconocida” (The twilight zone). Así podría definirse la nueva propuesta del excrítico de cine Daniel Monzón poniendo en serios apuros y trastadas a un novelista de ciencia-ficción, David Norton (Timothy Hutton), mientras descansa en Mallorca.
Un fan fatal, una melodía fatídica, el suicidio inexpicable de la gente que le rodea y una conspiración laberíntica orquestada por el propio Monzón y el guionista Javier Guerricaechevarría, a quien toma prestado de Álex de la Iglesia.
Apasionado y simpatiquísimo en persona, Daniel Monzón, como director, me había dejado con la boca abierta, ¡por lo mala que era!, con “El corazón del guerrero”. En cambio, su anterior título, la comedia cleptómana “El robo más grande jamás contado” poseía un ritmazo, realización e interpretaciones brillantes.
Un modelo de comedia, si no fuera que, por motivos de trabajo, también fueron exactamente 25 minutos, los últimos de la película, los que vi. ¡ Hay que ver lo que ganan algunas películas con un montaje abreviado!.

Una caja de sorpresas.
Así que imagínenese mi predisposición a enfrentarme con esta nueva propuesta y todo su metraje de casi 2 horas. Pero hete aquí, nos topamos ante una película de factura tan cuidada como elegante, un ritmo pausado pero no cansino y con un guión menos previsible de lo que cabría suponer.
Y ello a pesar que no todas las ataduras de los cabos sueltos siempre resulten verosímiles en este rompecabezas, que incluso sabe resolver las secuencias de mayor tensión, como en el interior de las coves del Drach, con una corrección dignísima (¡ese pañuelo enredándose en el motor de una lancha!).
Creo que este invento protagonizado por Lucía Jiménez y Timothy Hutton, le gustaría más a que a Rod Serling que a Hitchcock. Lo peor es que pese a lo ingenioso de algunos de sus ideas, quede la sensación de un producto olvidable. Pero, sea en cine, o recuperándola en DVD, no dejaría escapar esta oportunidad de comprobar que los cineastas de aquí también saben narrar buenas historias con sabor a misterio.

Valoración: ( *** )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )

TAMBIÉN PUEDE CONSULTAR:

"Canción de cuna para un suicida", minireportaje en Cinempatía.

domingo, 14 de enero de 2007

Crítica: "Rocky Balboa"














Ojos caídos, mirada triste, boca torcida y aspecto, a pesar de los años, y golpes, aún fornido y bonachón. Vuelve Stallone a desenterrar del baúl de los recuerdos al púgil más célebre de la ficción cinematográfica. Y más que dedicarle un mausoleo, su personaje sigue vivo y con ganas de pelea, por lo que le dedica un monumento, a si mismo, a los hechos y a las personas amadas del pasado. Los incondicionales de la saga “Rocky” se lo van a pasar bien.
En su jubilación, el doble campeón del mundo de los pesos pesados ya no se dedica a repartir tortazos en el ring, pero sí a repartir consejos entre amigos, conocidos y a todo aquel que se cruze buenamente en su camino, aunque no venga a cuento. También a relatar una y otra vez sus batallitas del pasado a desconocidos admiradores o clientes de su restaurante, que si viene adrede porque se incluye en el menú de su “Adrian’s”.
Y tiene su gracia que una película que durante la mayor parte de su metraje está filmada de un modo realista y callejero vaya destelleando visos de cariz fantástico hasta entrar de lleno en el terreno más increíble durante su tramo final. Cuando el legendario Rocky Balboa, de casi 60 años, se enfunde el calzón y los guantes de nuevo para aguantar no sólo el tipo en el cuadrilátero sinó también para darle caña a un rival mucho más joven e invicto, una máquina de repartir leñazos vanidosa y poco popular llamada Mason “The Line, Dixon, encarnado por Antonio Tarver (campeón actual y real de los pesos medios), y que aún no había dado con la horma de su zapato.

Nunca sientas que se ha terminado.
Para Rocky, el combate ayudará a
dejar atrás el vacío por no poder volver a demostrar lo que realmente uno fue y es, y a un hijo tontorrón y acomplejado por la larga sombra de su padre.
Rocky nunca tira la toalla.
Su atrevimiento formal llega a echar mano del blanco y negro, ‘travellings’ y ‘zooms’ rápidos; imágenes quebradas, estilo añejo o realización televisiva, emulando una retransmisión por televisión. Por ello, y por todo el conjunto, “Rocky Balboa”, el ‘potro italiano VI’, se erige en uno de los productos más ‘trash’ de la cartelera. Pura serie Z que puede llegar a suscitar sus simpatías y a la que, en su decadente visión del espectáculo, incluso le viene como anillo al dedo tener a Las Vegas como escenario del enfrentamiento final.
Las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, inmortalizadas en el primer Rocky, son objeto de un homenaje especial; y la también famosa música de Bill Conti, y el “Gonna fly now”, se tornan más pausados y melancólicos, hasta estallar en su euforia ante la inmininente llegada de la pelea final.
Pero yo me quedo con ese perro abandonado y viejo que acoge el protagonista, interpretado por Baskis, el mismo can propiedad de Stallone; y con esos primeros planos de un Rocky envejecido, gorra en ristre y acaso derrotado por los años y recuerdos. Y poco más.

Valoración: ( * )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )

TAMBIÉN PUEDE CONSULTAR:

"Por si no lo sabían, ¡Rocky ha vuelto!": minireportaje en Cinempatia.

- Trailer de la película: the trailer web.

sábado, 13 de enero de 2007

Crítica: "Jenifer" (DVD - Masters of Horror)












Animado por las más que interesantes “Homecoming (el ejército de los muertos)”, de Joe Dante, “Cigarette burns”(“El fin del mundo en 35 mm.)”, de John Carpenter e “Imprint” de Takeshi Miike, me he decidido a seguir viendo algunos episodios más de esta serie impulsada por Mick Garris titulada “Masters of horror”, con historias independientes de menos de una hora de duración.
Y entre los, pocos, títulos editados aún aquí he empezado con “Jenifer”, de Dario Argento, más conocido por haber popularizado el “giallo”, o el ‘psycho-thriller’ a la italiana, durante los años sesenta y setenta.
Lo primero que he podido constatar es que atrás queda la sutileza y las sugerencias de títulos que le dieron fama y renombre como “Cuatro moscas sobre terciopelo gris”, “El pájaro de las plumas de cristal” o “El gato de las nueve colas”. También ha perdido una cierta sofisdicadez en sus imágenes, muchas veces también rayanas en lo grandguignolesco, de “Phenomena”, “Trauma” o “El fantasma de la ópera” .
En cambio conserva las ganas de mostrar a adolescentes en su mayor plenitud erótica o de cebarse en cuerpos cuando más jóvenes mejor para sus crímenes.
‘Carrie’ a lo bestia.
La Jenifer del título (Carrie Fleming) es una “bestia”, y sea dicho esto en todas sus dimensiones. Es una bestia sexual, con un cuerpo de pecado y una voz irresistible, capaz de agarrar, volver loco y conducir hasta la perdición al hombre que se cruce en su vida.
También es un animal por su rostro grotescamente desfigurado, ocultado tras una deliciosa melena rubia y, a su vez, escondiendo unos dientes caninos y un insaciable apetito para la carne fresca, o mejor dicho, las vísceras e intestinos, mejor si son humanos.
Pero la falta de sutileza, la poca consistencia narrativa y escenas resueltas con un sentido del humor más bien ridículo malogran todas las mejores (perversas) intenciones de Argento.
Sin mencionar lo predecible del argumento nada más empezar con una escena que “no es lo que parece”: un dedective de la policia (sosísimo Stephen Weber) salva a una muchacha, frágil y sensual, de un intento de asesinato. Muy pronto los papeles de verdugo, salvador y víctima irán intercambiándose.
“Jenifer” se me antoja sólo apta para incondicionales del terror, con explícitos toques ‘gore’ y sexuales, y para algun que otro nostálgico de Dario Argento, que además comprobará la pasión de éste por los planos cenitales, que no genitales. Por lo demás, ¡patinazo!

Valoración: ( * )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )

miércoles, 10 de enero de 2007

Crítica: "Banderas de nuestros padres"














Una hazaña lo de Clint Eastwood. 76 años y aún dando mucha guerra con “Banderas de nuestros padres”, un ejemplo de su sabiduría, buen gusto y clasicismo a la hora de filmar. Brindándonos espectáculo y cine de autor a la vez.
Como nunca habíamos visto antes en sus películas, combina las secuencias más intimistas con la acción a lo grande. Necesario para mostrar el doble conflicto, o los dos frentes abiertos durante II Guerra Mundial: uno en primera linea de combate, con millares de jóvenes muriendo; y el otro en las propias ciudades y pueblos de la nación, sitiados y resistiendo contra el enemigo (caso, por ejemplo, de Francia), o alejados del disparo de bombas y ametralladoras (caso de los EE.UU.), pero con la imperiosa necesidad de recaudar las inmensas cantidades de dinero con las que costear todo el material de guerra.
El film se abre con la escena de un soldado sólo, desorientado y atemorizado en medio de un desértico terreno de batalla, oyendo los gritos de auxilio y los estruendos del combate.

Sin héroes ni villanos.
El episodio se corresponde con la pesadilla de un hombre mayor que aún se despierta de golpe con las pesadillas del pasado, aislado y desamparado por los traumas de semejante experiencia.
Las primeras imágenes y diálogos constatan la que será la mirada del cineasta. Poco después, una voz ‘en off ‘ concreta esta visión: “Hay muchos imbéciles que creen saber lo que es la guerra, sobre todo aquellos que no han estado en una. Les gusta las cosas bien claritas: buenos y malos, héroes y villanos. De eso también hay, pero la mayoría de las veces no son los que nosotros creemos”.
Se nos muestra la heroicidad de las fuerzas norteamericanas durante la invasión de la isla de Iwo Jima en 1944, isla volcánica y punto estratégico. Y a unos villanos a los que hay que derrotar, por supuesto, por el bien de la humanidad: los japoneses. Espléndidas son las imágenes de los cañones y fusibles nipones surgiendo casi de la nada, de entre los fortines y túneles, como si fueran un enemigo fantasmagórico, una amenaza que acecha a los protagonistas en unas escenas dignas del género fantástico.
Pero en realidad no hay héroes ni villanos. Los combatientes yanquis reconocen que, por mucho que se hable de patriotismo, libertad y otras cosas, su lucha es por supervivencia o compañerismo. Tampoco hay villanos, pues los japonenes son vistos con un cierto respeto. Para completar esta visión pronto tendremos “Cartas desde Iwo Jima”, lo mismo pero desde la perspectiva japonesa, y la de los perdedores.

En forma.
Luego está el otro frente, el de políticos y militares enfrascados en la misión de vender millones de bonos de guerra con los que financiarse. Aquí interviene todo el circo mediático y político ensalzando ante la opinión pública a tres de los seis supervivientes que levantaron una bandera norteamericana en el monte Suribachi.
La necesidad de iconos y héroes convirtió a tres jóvenes en ídolos. Pero también eran héroes que dudaban de su condición, que creían traicionar a los auténticos héroes, usurpándoles honores a sus compañeros muertos en el campo de batalla. Y héroes con fecha de caducidad, que muy poco después pasarían a ser unos don nadie. Y nisiquiera los artífices de manipular y vender su imagen podrían ser considerados como villanos. Recaudar muchísimos dólares cada día era imprescindible. El equipaje, el armamento o el combustible, no aparece de la nada.
Eastwood logra en gran medida reunir y transmitir los temas y matices propuestos, con una extraordinaria fotografía, de colores apagados, encuadres de una plasticidad pictórica y un diseño de producción que nos mete de lleno en la época y el momento.
También nos hace tomar distancia, y buscar la reflexión, con una estructura del relato que avanza y retrocede en los hechos, que incluso no nos permite identificar cómodamente a otros secundarios, héroes y mártires anónimos, lanzados a un destino fatuo, y sólo recordados por los sollozos de sus madres.
Puede que el apartado de interpretaciones sea más anodino que el deseable, o que su ritmo y brillantez sea irregular, sobre todo en su tramo final, pero Eastwood sigue (muy) en forma.

Valoración: ( **** )

Usted mism@ (●) – Floja (*) – Se puede ver (**) – Buena (***) – Muy buena (****) – Obra Maestra ( ***** )


Y para completar esta “doble sesión” de cine les dejo además con una comedia de Preston Sturges: “¡Salve, héroe victoriano!” (Hail the conquering hero!), precisamente de 1944, y tan poco conocida y divulgada como divertida y genial. Con muchos puntos en común sobre el recibimiento popular de un héroe de guerra al regresar a su pueblo natal.

Si desean descubrirla, pueden ir a www.cinempatia.wordpress.com o pulsar aquí.

TAMBIÉN PUEDE CONSULTAR:

- Álex (Antarctica starts here): "
Desgraciadamente y pese a su notable esfuerzo, la atonía reina a sus anchas durante la parte central de película."
- Donnie Darko (Donnie Darko): "
no llega a ser una obra maestra, pero es una pequeña joyita del cine que nadie debería perderse."
- El criticón de cine: "'Banderas de nuestros padres' es una película que, difícilmente, no gustará."
- Mr. Bristow (My own world): "
Si hay algo que puede hacer bajar el listón de la película es el reparto, que a mi parecer no ha estado a la altura. Aunque eso no evita que, Banderas de Nuestros Padres (flags of our fathers), se convierta en otra joyita".
-
Iñaki Bilbao (PelisBilbao): ""Banderas de nuestros padres" es, repito, una obra maestra sin discusión alguna, enormemente entretenida, que se seguiría con gusto y también dolor"
- Rosenrod (La butaca): "
tenemos una buena y una mala noticia: la buena, que Clint sigue ahí, y aún tiene el pulso firme. La mala, que esta vez no ha podido ser"

Ver trailer: thetrailerweb